"Planes and trains and boats and buses characteristically evoke a common attitude of blue, unless you have a suitcase and a ticket and a passport and the cargo that they're carrying is you". (Tom Waits. Foreign Affair)

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jueves, 23 de febrero de 2012

Alfred Hitchcock en Phitsanulok


Después de una última noche de transición en Chiang Mai madrugo y voy en busca de un tren que me lleve hacia el sur. Como tengo mucha suerte, llego a la estación cinco minutos después de que el tren "express" se haya marchado, así que me monto en el "ordinary", que pertenece a la generación inmediatamente posterior a la de las locomotoras que se alimentaban con carbón: 260 kilómetros en siete horas. No hay ironía en lo que digo, de verdad tengo suerte. El viaje durará sólo una hora más que en el tren "rápido", me costará diez veces menos y, a pesar de un asiento de madera no del todo ergonómico, disfrutaré de él cada minuto. Tengo mucho tiempo para leer y las ventanillas son de guillotina y se pueden bajar. El viento alivia el calor y puedo escuchar cómo el tren salva envuelto en toses las colinas (tampoco hay demasiados túneles en las rutas ferroviarias), cómo curvea esquivando los árboles en el tramo más boscoso del camino, cómo después del esfuerzo de la primera parte del viaje, la más escarpada, se deja ir país abajo y se toma su tiempo para recuperar el resuello.

De vez en cuando suben al vagón mujeres cargadas con bandejas de pollo frito y bolsitas de arroz (es lo que almuerzo), fideos envueltos en hojas de plátano, brochetas de cerdo.... Siete horas (y cincuenta minutos de retraso) después llego a Phitsanulok. Me ha caído un trabajo de corrección y necesito un lugar tranquilo en el que pasar unos días al margen de distracciones. Esta ciudad parece perfecta para eso: no hay farangs ni restaurantes para farangs ni bares para farangs. Nadie habla inglés, nadie se interesa por mí, por primera vez en el "país de las sonrisas" nadie me sonríe y sólo recibo miradas de extrañeza, incluso un par de muecas de desdén (por un momento creo estar en Lekeitio...). Pronto encuentro una habitación cómoda a muy buen precio, con una mesa, una ducha que siempre da agua caliente, una conexión a internet no demasiado lenta... incluso tengo una cama de verdad.

La ducha se lleva el sudor y parte del cansancio del viaje y salgo a la calle. En los alrededores descubro (después de un par de pasos en falso) una casa de comidas donde preparan unos estupendos fideos con ternera. Un poco más allá está la orilla del río, que por la noche se animará gracias a un mercado nocturno y un par de bares flotantes de luz tenue en los que tomar una cerveza después de trabajar. Está atardeciendo y mientras camino el leve... cómo llamarlo... chirrido que viene acompañándome como trasfondo sonoro desde que salí de la estación sube su volumen al máximo. Dirijo la mirada al cielo y sigo en panorámica la trayectoria de un pájaro negro que después de planear durante unos segundos se posa en uno de los cables que atraviesan la plaza. El cable no está vacío. El sonido es ahora horrible y me parece ver a Tippi Hedren correr hacia una cabina de teléfonos. Al que no veo es a Bernard Herrmann.

¿Phitsanulok o Bodega Bay?